marca personal

"Pensé que tendría que convertirme en alguien distinto para lograrlo"

August 04, 20265 min read

«Pensé que tendría que convertirme en alguien distinto para lograrlo.»

Esa fue la frase con la que un ejecutivo terminó una de nuestras primeras sesiones de mentoría. Habíamos conversado durante más de una hora sobre liderazgo, comunicación y marca personal, y esa era la conclusión a la que había llegado. Lo interesante es que no ha sido el único. A lo largo de los años he escuchado esa misma reflexión en profesionales de distintas industrias, edades y niveles de experiencia. Todos compartían una inquietud muy similar: La sensación de que fortalecer su marca personal implicaba construir un personaje, actuar de una manera diferente o parecer alguien que, en el fondo, no eran.

Cada vez que escucho esa frase pienso que seguimos entendiendo la marca personal desde un lugar equivocado. Tal vez porque durante mucho tiempo se ha asociado con estrategias de marketing, redes sociales o técnicas para ganar visibilidad. Como si construir una marca personal consistiera en aprender a proyectar una imagen diseñada para agradar a los demás.

Sin embargo, mi experiencia me ha demostrado exactamente lo contrario. La marca personal no consiste en convertirnos en alguien diferente. Consiste en dejar de comunicarnos desde el piloto automático.

La mayor parte del tiempo actuamos sin detenernos a pensar en el impacto que generamos. Entramos a una reunión, presentamos una idea, respondemos un correo, negociamos con un cliente o lideramos un equipo utilizando formas de comunicarnos que hemos repetido durante años. Lo hacemos de manera tan natural que olvidamos algo fundamental: Mientras nosotros simplemente creemos estar trabajando, las personas que nos rodean están construyendo una percepción sobre quiénes somos.

Y esa percepción comienza mucho antes de que terminemos una conversación.

Las personas no solo escuchan nuestras palabras. Observan cómo reaccionamos cuando alguien cuestiona una idea, cómo enfrentamos un error, cuánto espacio damos para que otros participen, cómo gestionamos la presión o la forma en que reconocemos el trabajo de quienes nos rodean. En definitiva, interpretan nuestra manera de estar presentes mucho más que nuestro discurso.

Desde la neurociencia sabemos que una parte importante de nuestras conductas funciona de manera automática. Nuestro cerebro busca ahorrar energía y para conseguirlo transforma muchas acciones en hábitos. Gracias a ello podemos desenvolvernos con rapidez en la vida cotidiana, pero también corremos el riesgo de seguir comunicándonos desde patrones que alguna vez fueron útiles y que hoy quizás ya no representan a la persona ni al profesional que queremos llegar a ser.

Eso explica por qué algunos líderes interrumpen constantemente sin ser conscientes de ello, por qué muchos profesionales minimizan sus propios logros cada vez que hablan de su trabajo o por qué existen ejecutivos que responden siempre desde la urgencia, transmitiendo tensión incluso cuando la situación no lo requiere. Ninguno de estos comportamientos suele ser intencional. Son hábitos que se instalaron con el tiempo y que pocas veces nos detenemos a observar.

Y creo que ahí comienza el verdadero trabajo de una marca personal. No en aprender a parecer más seguro, no en construir un discurso perfecto, y mucho menos en intentar proyectar una imagen artificial.

Comienza cuando desarrollamos la capacidad de observarnos con honestidad. Porque solo cuando somos conscientes de cómo estamos siendo percibidos podemos decidir si esa percepción refleja realmente el valor que queremos aportar.

Por eso, cuando acompaño procesos de desarrollo profesional, rara vez comenzamos hablando de visibilidad. Antes dedicamos tiempo a comprender algo mucho más importante: Qué patrones de comunicación están fortaleciendo la confianza y cuáles, sin darse cuenta, la están debilitando.

Las preguntas que aparecen entonces suelen ser muy simples, pero profundamente transformadoras. ¿Cómo reacciono cuando alguien no está de acuerdo conmigo? ¿Escucho para comprender o solo para responder? ¿Las palabras que utilizo transmiten seguridad o permanente justificación? ¿Mi lenguaje corporal acompaña aquello que quiero comunicar? ¿Las personas experimentan coherencia cuando trabajan conmigo?

Responder estas preguntas suele generar cambios mucho más profundos que aprender cualquier técnica de comunicación.

Porque la comunicación más poderosa no nace cuando incorporamos nuevas herramientas. Nace cuando dejamos de actuar desde hábitos inconscientes y comenzamos a elegir, deliberadamente, cómo queremos relacionarnos con los demás.

Con el tiempo he llegado a una convicción que hoy guía todo mi trabajo.La marca personal no se inventa. Se descubre, se desarrolla y se comunica.

Se descubre porque requiere autoconocimiento; se desarrolla porque evoluciona con nuestras experiencias; y se comunica porque el valor necesita ser comprendido para generar confianza e influencia.

Quizás por eso creo que el desarrollo profesional no consiste únicamente en aprender más. También implica desaprender aquellas formas de comunicarnos que hoy limitan nuestra capacidad para conectar, liderar e inspirar. A veces el mayor crecimiento no ocurre cuando agregamos una nueva habilidad, sino cuando dejamos atrás comportamientos que ya no representan a la persona que queremos ser.

Te invito a hacer un ejercicio muy simple durante esta semana. Al finalizar una reunión, una conversación importante o una presentación, antes de preguntarte si lograste transmitir tu mensaje, pregúntate algo distinto:¿Qué experiencia vivieron las personas al interactuar conmigo?Esa respuesta probablemente dirá mucho más sobre tu marca personal que cualquier publicación en redes sociales o cualquier presentación impecablemente preparada.

Porque las personas podrán olvidar muchas de nuestras palabras, pero difícilmente olvidarán la confianza que les transmitimos, la claridad con la que las hicimos pensar o la experiencia que vivieron al trabajar con nosotros.

Y tal vez esa sea una de las mayores lecciones que nos deja la marca personal: No necesitamos convertirnos en alguien distinto para crecer profesionalmente. Lo que realmente necesitamos es dejar de vivir y comunicar desde el piloto automático para comenzar a expresar, de manera consciente, la mejor versión de quienes ya somos.

«La autenticidad no consiste en mostrar una versión perfecta de ti. Consiste en lograr que la percepción que generas refleje, con coherencia, la persona y el profesional que realmente eres.»

Evelyn Verdugo

Evelyn Verdugo

Speaker internacional y coach experta en Personal Branding y comunicación efectiva. Autora del libro "Modelo de Personal Branding".

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